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Dime como adoras y te diré quien eres

Mientras charlaba en la mesa, tras haber ministrado la adoración a la gloria de Dios, y que por cierto el Señor se movió de una manera poderosa, llegué a mis aposentos para tomar una espumosa taza de café invitada por un hermano en Cristo, estaba acompañada con un pie de bananas con crema, delicioso por cierto, te lo recomiendo 🙂 – pero mientras estaba en ese momento de paz, de gozo y de tranquilidad que sólo el Espíritu de Dios nos puede dar, es entonces que salió a tema de conversación la pregunta de “¿Por qué no todos adoran a Dios?”, pero específicamente todos los que son conocedores de la Palabra de Dios. Es entonces que surge este tema de “Dime como adoras y te diré quien eres”.

Es evidente que tanto tú como yo, muchas veces no llegamos en condiciones a la iglesia de adorar a Dios, los motivos pueden ser variados, entre ellos cansancio, tristeza, algún problema oculto en el corazón, e inclusive quizás ya es una costumbre el no participar en conjunto con quien ministra la adoración. Cómo todo adorador, mi mejor anhelo es ver a toda la congregación metida de lleno unánimes “adorando a Dios”, pero sabemos que lograr que toda una congregación se meta de lleno a adorar a Dios no es tan fácil; pero hasta este momento, creo recordar haber estado en unas pocas iglesias de cientos, que me ha tocado ver a niños, adolescentes, mujeres, ancianos y pastores, adorando a Dios en conjunto, en donde me trae gratos recuerdos sentir inclusive mis brazos erizados, ante el poder de Dios manifestado en un pueblo adorador.

El adorador disfruta de la presencia de Dios

Hay algo muy importante que me gustaría compartirte, es evidente que el adorador se distingue aún dentro de la congregación, no necesita de ser cantante, no necesita estar de traje de gala, no necesita de tener buena voz, no necesita de que alguien le diga que hacer, el adorador simplemente comienza a meterse de lleno a adorar a Dios en conjunto con la congregación, el adorador disfruta de la presencia de Dios, no tiene prisa, no tiene tiempo, no le importa quien está a su lado, simplemente se deja llevar por lo que el Espíritu de Dios le está diciendo que haga, en conjunto con su alma, para hacer cumplir las palabras del Salmista que dicen: “Bendice alma mía al Señor y bendiga todo mi ser su Santo nombre”, este es el adorador que ha entendido en realidad cómo agradar a Dios con su alma, sin importarle en donde se encuentre, el adorador sabe cómo llegar a los brazos de su Amado, pero sobre todo como engrandecer el nombre de Cristo con toda su mente y su ser.

Es sencillo distinguir a un adorador genuino, su adoración puede verse reflejada en su forma incluso de levantar sus manos cuando adora, su entrega, su pasión, sus lágrimas de gozo, tantas buenas virtudes que he aprendido de cada corazón adorador a lo largo de varios años, y por esa razón es importante que te conviertas en un mejor adorador para Dios, para formar parte de la elite de adoradores que saben cómo tocar el corazón de Dios.

Tu adoración habla de tu relación personal con Dios

Como he mencionado anteriormente, esta es una forma simple de identificar a un adorador, y así como vemos claramente quien es adorador en una congregación, también existen adoradores que aún necesitan disfrutar de una adoración genuina ante la gloria de Dios, recordemos que la Palabra de Dios nos dice: “Mirad cuan bueno y delicioso es habitar los hermanos juntos”, es bueno habitar en armonía, y es bueno poder ver a los demás cómo adoran a Dios, pero el problema es que dentro de las congregaciones hay muchos espectadores últimamente, y es necesario dejar de ser espectador para pasar a ser adorador o adoradora, que quieran meterse y comprometerse a adorar a Dios, en conjunto con los adoradores.

La forma en que adoras podría delatar tu condición espiritual con Dios en la congregación, por eso es importante comenzar a dejar que el Espíritu de Dios te guíe para adorar a Dios con mayor entendimiento. Es sencillo, cuando una persona no adora a Dios, es evidente que hay algo que no está encajando en su comunión personal con Dios, quizás se debe a la falta de concentración, o probablemente a la falta de búsqueda en el Señor, no quiero engañarte, incluso hay algo oculto en el corazón que no está permitiendo que fluyas en la presencia de Dios, y por tal razón es importante que pases de ser un espectador más, a un adorador en Espíritu y en Verdad.

Quiero aclararte, no me estoy refiriendo a una persona que sus capacidades físicas puedan limitarle el adorar a Dios, me refiero a todos los que tenemos plena acción en los miembros de nuestro cuerpo, pero especialmente a quienes necesitan encontrar la sazón, la riqueza, la pasión de adorar, y de disfrutar la presencia de Dios en plenitud. Mi intención con estas líneas es recordarte que Dios hace cosas grandes cuando encuentra un corazón adorador, Dios sigue siendo el mismo que dice: “Un corazón contrito y humillado yo no lo desprecio”, y la razón es que cuando adoramos con el corazón, estamos realmente ofreciéndonos ante la presencia de Dios, y en consecuencia el Señor nos llena, nos ofrece de su gracia, de su paz, de su gozo y de su misericordia, sin que tú se la pidas.

Simplemente al adorar pareciera que el Señor nos ve y nos dice: “Que lindo es verte adorándome sin condición alguna, así que quiero premiarte con mis promesas”… y es así como el Señor nos comienza a demostrar que no es en vano adorarle.

Al adorar a Dios estas cosechando y asegurando que el Señor te premie, siempre y cuando lo hagas sin esperar nada a cambio, es así de sencillo comprender el por qué debemos de adorar a Dios. Como bien lo he dicho al principio de este tema, después de adorar a Dios con todo el corazón, no hay mejor recompensa que sentarte a la mesa a disfrutar de una buena taza de chocolate, de café, de alguna limonada, sintiendo una inmensa paz y satisfacción que le diste lo mejor de ti a Dios, sabiendo que el día de hoy fue tu mejor oportunidad de adorarle.

Siempre lo he dicho, muchas personas tienen planes a futuro, cuando lleguen a su vejez, pero en el tiempo de Dios no sabemos en qué momento decida llevar a los suyos a casa, por eso es importante vivir en plena adoración y gratitud a Dios en cada momento. No es simplemente cantar bellos cantos, es entregarle nuestro corazón a Dios, sabiendo que cuando adoramos lo hacemos porque le amamos, porque reconocemos su sacrificio en la cruz del Calvario, porque nos ha dado el aire para respirar de nuevo, lo hacemos porque fuimos creados para su gloria sabiendo que sin Él estamos completamente perdidos, esa es la razón por la cual te invito a ser un adorador. Tu forma de adorar a Dios es el reflejo de lo que hay en tu alma, presta atención en tu congregación a los hombres que han descubierto esta llave importante, y mira a tu alrededor, te darás cuenta de lo que hoy te he compartido.

No seas más un espectador (a), no vivas más de lo que los demás hacen cuando adoran a Dios, vive tu propio momento con Dios, y deja que su Espíritu Santo te muestre la forma exacta que a Dios le agrada que le adores, tanto en la congregación cómo en tu recamara en privado, en donde el tiempo se detiene y solamente está tu voz y la mano de Dios sobre tu vida.

Adorar a Dios es tan sencillo, que cuando descubres la clave y la prácticas cada vez que puedes, obtienes experiencias extraordinarias junto a la gloria de Dios. E.D.

Dime como adoras y te diré quien eres en realidad. Yo espero que seas un adorador que vaya en busca de esas promesas que pocos hemos descubierto, y precisamente esa es una de las razones por las que el Señor me ha movido a escribirte estas líneas, para compartirte de lo mucho que te estás perdiendo, al no encontrar el camino genuino a la adoración.

Hoy es tu momento de comenzar a buscar esa presencia de Dios por medio de la exaltación, por medio de la adoración a Dios, por medio de la humillación ante la presencia de Dios, por medio de entregarle tu corazón a Dios, tu experiencia de adorador comienza hoy. Hasta la próxima, y deseo con todo mi corazón verte un día adorando la gloria de Dios, derramando tu alma y tus lágrimas en señal de rendición a quien te ha dado la vida, y quien te ha hecho parte de su pueblo y su linaje Santo. Dios está esperando que le rindas todo a Él…



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